viernes, 10 de julio de 2009

La increíble historia de Juan Budinich, el primer boxeador chileno

Fundador del boxeo cubano, sparring de campeones del mundo, amigo de Marmaduque Grove, primer estudiante chileno en la Universidad de Columbia, la vida de Juan Budinich -que hasta el clásico Alone refirió en sus crónicas- es simplemente asombrosa.

La mañana de 18 de abril de 1906 un terremoto sacudió a San Francisco matando a tres mil personas y dejando a tres de cada cuatro habitantes de la ciudad sin casa. Juan Budinich Taborga, chileno, 26 años, debió estar ahí y ser un número más de la catástrofe, pero una serie de coincidencias lo tenían, a la hora del sismo, en un tren, ya lejos de California.
Su familia en Coquimbo, sin comunicaciones, temió lo peor. No fue la primera ni la última vez que dieron a Budinich por muerto. Fue la segunda.
Por esos años Budinich sobrevivía como podía en San Francisco. Hacía trabajos menores, pero sobre todo, boxeaba cada semana dónde podía y contra quién podía. No hay registro exacto de sus peleas, pero sí se sabe que ningún púgil subía al ring menos de diez veces por mes y a veces varias la misma noche.
Con su hermano Marcos, antes de dejar Chile, hizo un pacto: el que necesitara plata, podía acudir al otro. Juan necesitó y por correo le enviaron, pero a Nueva York. La descoordinación lo enfureció, pero en pleno tren, cruzando el continente, se dio cuenta de la bendición escondida de la equivocación. Aprovechó los tiempos libres del viaje para escribir una florida carta contando su aventura. El documento está en la casa de Coquimbo de su sobrino Edmundo Budinich, de 80 años, único familiar vivo que conoció personalmente al boxeador.
Budinich era un conversador ágil que disfrutaba contando historias. La de su padre, Marko, se topó con Chile en la década de 1870 cuando viajó desde la actual Croacia. Ingresó a Tocopilla como ciudadano del imperio Austro Húngaro junto con su hermano Matej.
El padre también tenía un carácter de cuidado: en plena Guerra del Pacífico hizo un par de bromas respecto de la astucia de la Armada chilena y terminó detenido. Sólo una intervención diplomática desde Europa lo dejó libre nuevamente.

El "pan duro"

Aunque hay controversias aún respecto del lugar y la fecha, lo cierto es que Budinich nació en Coquimbo en 1881. De su actividad pública el primer registro que se tiene es el ingreso a la Escuela Naval, siguiendo la tradición familiar, a los 12 años.
Su paso fue fugaz, aunque significativo. Cuando completaba el primer año, y según recuerda su sobrino, se vio envuelto en la "Sublevación del pan duro", liderada por un jovencísimo Marmaduque Grove.
En noviembre de 1894 un grupo de cadetes tomó nota de que al almuerzo les servían pan añejo. Hubo protestas varias y en la noche se negaron a sentarse a la mesa. Los superiores ordenaron el arresto de los insubordinados y Grove, indignado, entró a la sala de armas y tomó unas carabinas. Aunque las armas ni siquiera tenían municiones, terminó expulsado acusado de una falta gravísima.
El incidente, menor, es recordado básicamente por la participación de Grove, quien luego sería muy gravitante en la vida política del país. No hay documentos que atestigüen que Budinich fuera parte de los sublevados. El historiador de la Armada y escritor Carlos López Urrutia lo atribuye a un incendio que destruyó muchos documentos en 1906 y al hecho de que los cabecillas de la sublevación fueron los cadetes de tercer año y no los novatos como Budinich.
Se salvó de la expulsión ahí, pero meses después le dio una paliza a un superior bien conectado que lo atosigaba. La situación lo puso en riesgo de ser fusilado y tuvo que desaparecer de improviso. Fue la primera vez que lo dieron por muerto, pero estaba en un buque rumbo al extranjero.
En esa época conoció el boxeo. Un herrero irlandés de apellido McDonald le enseñó los movimientos básicos del deporte, para el cual Budinich tenía ya comprobadas condiciones naturales.
Tras unas temporadas afuera, Budinich reapareció en Valparaíso, donde participó en la génesis del boxeo en Chile. En el Club Colonia Urreola, a espaldas de la policía, armaba cruentas peleas clandestinas, a mano descubierta, que terminaban con el desmayo de uno de los púgiles. Al comienzo los que más se animaban eran marinos norteamericanos.
La actividad fue ganando adeptos y Budinich se consolidó como peleador principal y difusor de las reglas formales del deporte.
A pesar de lo violento de los combates, fue la clase acomodada la que apadrinó el boxeo. Con ayuda de amigos en Santiago, pudo armar así la primera pelea profesional en el país en 1902. En el Teatro Santiago Budinich se enfrentó con Frank Jones, un moreno del que no había mayores antecedentes. El chileno ganó por nocaut en seis rounds, en una noche calificada como "sangrienta" por los cronistas de la época.

También fue periodista

El evento sólo aumentó la efervescencia por el boxeo. Budinich, junto con su amigo John Daly, un menudo inglés, también púgil, fundaron un club en la esquina de Merced con las Claras (hoy MacIver), con el sugerente nombre de "La Filarmónica del Huaso Rodríguez". Ahí jóvenes acomodados, con sus mejores trajes, apadrinaban a peleadores y, fuera del ring, los empleaban como guardaespaldas.
Budinich, por supuesto, estaba por encima de eso. Por esos años, además, se dedicó al periodismo: traducía textos de revistas norteamericanas de boxeo y los publicaba en el diario "La Unión".
No se quedaba tranquilo. En 1905 se embarcó con lo puesto rumbo a Estados Unidos. En San Francisco se radicó primero y luego, terremoto de por medio, llegó a Nueva York. Allá se inscribe en la prestigiosa Universidad de Columbia, para tomar cursos de educación física, los que nunca termina, pese a que era uno de sus más grandes orgullos: se presentó muchas veces como Juan Budinich, el primer chileno en la historia de Columbia.
Estuvo fuera del país once años en total y siempre con el boxeo como prioridad. Decía que había sido sparring de James Corbett, uno de los pesos pesados más famosos de todos los tiempos. No hay cómo corroborar el dato.
En Estados Unidos la vida era dura. Peleaba todas las semanas para hacerse un nombre y allá ya no era la estrella de cada velada. Él mismo reconoció que recién ahí se dio cuenta de que no era la "lumbrera" que creían en su país de origen.
En 1908 se subió de polizonte a un barco rumbo a Panamá, un oficial lo encontró en la mitad del viaje y amenazó con mandarlo de vuelta.
-Esfuerzo perdido, nada más, mi señor, pues me vendré en el próximo vapor. Tengo que llegar a Colón- le respondió Budinich, quien terminó por caerle simpático al capitán: le dio trabajo como fogonero para terminar la travesía.
Llegó a Colón con cinco dólares en el bolsillo y obsesionado con enfrentarse con Sam Odon, un moreno que causaba furor en Panamá por esos días. Tuvo la suerte de, apenas pisar tierra, conocer a un chileno que trabajaba en un hotel. Él lo presentó y a las semanas ya tenía pactada la pelea con Odon.
Un día, mientras se entrenaba en el gimnasio, el jefe de policía local se le acercó amenazante y le dijo que había apostado 10 mil dólares a su favor en la pelea. "Si pierdes ya sabe lo que te espera, si ganas, te regalo cinco mil".

El primer ring

La noche de la pelea, 27 de abril, con las apuestas 4 a 1 en su contra, Budinich caía al piso al primer round. El encargado de negocios del gobierno de Chile en Panamá, presente en el teatro, se tapaba la cara. Budinich, atontado, aguantó los golpes y terminó masacrando a su rival por cansancio: lo botó varias veces, aunque al final del décimo asalto no habían dado el nocaut.
Los jueces, con la presión de los apostadores, dieron empate, justo antes de que el alcalde de la ciudad entrara al ring para declarar vencedor a Budinich, "the chilean boy", que se ganó 5 mil dólares, la mejor bolsa de su carrera.
En 1910 tomaba otro vapor con un destino prometedor: Cuba, por ese entonces terreno fértil para los estadounidenses en búsqueda de dinero fácil. Budinich, de hecho, se presentó en sociedad con el nombre de John y como un eximio profesor de boxeo. Al poco tiempo había fundado una academia y en los patios del periódico "El Havanero" montó el primer ring de la historia del país.
Fue contratado por el exclusivo Club de Tenis Vedado, donde recolectaba un buen sueldo mensual y hacía contactos que le serían útiles en los meses venideros.
Ese mismo año peleó con "Cuban" Jack Johnson, un inexperto sacado de los muelles al que venció sin problemas. Su fama crecía: en el resto de combates informales, se ofrecían mil dólares al que venciera al chileno y 500 al que le aguantara seis rounds. Era un personaje muy conocido, favorito de los diarios. El 18 de julio de 1910, por ejemplo, se publica un confuso incidente en el que Budinich termina en el hospital Socorro de Vedado con numerosas heridas, la mayoría en las piernas. Le dijo al personal del establecimiento que lo había atacado un venado, pero su versión nunca convenció.

La huérfana española

En La Habana Budinich no perdió el tiempo. Al año ya se había casado con María Inés González, una huérfana española que se fascinó con sus historias.
En 1912 armó su primer evento grande. En el conocidísimo Payret Theatre, con cinco mil personas -la mayor audiencia hasta el momento para un evento deportivo en el país- se enfrentó con Jack Ryan, un estadounidense de trayectoria respetable. Se pegaron afiches de ambos a torso desnudo por toda la ciudad y la noche del 21 de julio toda la clase alta de La Habana se había reunido a ver lo que se conoce hoy como el punto de partida del boxeo profesional cubano. La pelea estuvo muy cerca de ser interrumpida por la policía, que temía que los conflictos raciales que sacudían al país encendieran los ánimos entre los asistentes. Los promotores convencieron a las autoridades de continuar la velada, aunque bajo estricta vigilancia.
En el ring Ryan le dio una buena paliza a Budinich en dos rounds, lo que mermó notoriamente su fama. Más tarde Budinich, insistente, intentó un salto aún más grande frente a John Lester Johnson, un peso pesado de gran reputación, quien, de hecho, un año después entraría a la historia grande del deporte al vencer en Harlem al inolvidable Jack Dempsey.
Budinich tenía ya 34 años y lo entendía como su última oportunidad de entrar a las grandes ligas. Sus esperanzas chocaron brutalmente con los puños de su rival: nocaut en el primer asalto. Budinich dijo, tiempo después, que a los pocos segundos de empezar la pelea se lesionó un pie.
Fue el cierre de la aventura cubana de Budinich. Un buen día vendió sus pertenencias y les dijo a sus conocidos que se uniría a la legión extranjera para pelear en la Primera Guerra Mundial. Para 1918 en Cuba lo daban por muerto, creencia que se mantiene hasta hoy. Era la tercera vez.

Alone escribe de él

En realidad Budinich regresó a Chile. Se sabe poco de lo que hizo recién llegado. Algo quedó establecido: intentó volver a pelear. El crítico literario Alone retrató con acierto el cliché del púgil que no sabe cuándo parar. Vinieron los finteos preparatorios y fueron suficientes para advertir que el hombre, el gran hombre, el maestro, ya no era el mismo. Conservaba la estampa, ciertamente magnífica, pero se movía como en sueños, trabada por misteriosas ligaduras. El negrito (su rival), el insignificante negrito, parecía un rayo, bailaba, saltaba, embestía. En una de éstas, Don Juan, como fulminado, cayó tendido largo a largo sobre las tablas.
Se dedicó más tarde a hacer clases. Abrió un gimnasio en Ahumada con Moneda y tenía alumnos en dos universidades. Agudizó su gusto por las apuestas y también perdió mucho dinero en la Bolsa de Comercio. Se le quemó dos veces la casa. Tuvo cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres. En 1945, ya algo encorvado aunque muy claro de mente, la federación le dio una pensión vitalicia, por su importancia en el desarrollo del boxeo. Le duraría poco: ese mismo año Budinich, con todas sus historias, murió en la Postal Central. Lo mató una simple pancreatitis.
Oficialmente hay registro de sólo cinco combates de Budinich, pero se estima que peleó al menos cien veces.!
Budinich solía navegar de "pavo": sin dinero y ofreciendo su trabajo para pagar el pasaje.

¿Pionero o charlatán?

Dos de los historiadores más reconocidos del boxeo cubano no se ponen de acuerdo respecto de la real importancia que tuvo Budinich en el germen de la actividad en la isla. El tema no es nada menor si se considera que la labor del chileno desembocó, a la larga, en uno de los dominios más sorprendentes en la historia del deporte: 63 medallas olímpicas, 32 de ellas de oro.Enrique Encinosa, reputado escritor de la isla avecindado en Miami y autor de "Azúcar y Chocolate, la historia del Boxeo Cubano", le da una relevancia primordial. "Antes de él no había nada organizado. Él ordenó y produjo peleas. Es la única persona que ha logrado iniciar el deporte en dos países, aunque lo de Cuba es más relevante por los resultados posteriores", dice.Una mirada distinta tiene Jorge Alfonso, historiador y escritor (autor de "Puños de Oro", obra que relata la historia de la actividad), quien vive en Cuba y trabaja en el Instituto de Deportes. Para él, Budinich sólo estuvo en el momento correcto y en el lugar justo. "Fue parte del origen, de eso no hay duda. Pero sus conocimientos del deporte son discutibles. Todas las peleas de verdad que hizo acá las perdió. Yo he documentado ocho, al menos. Era un personaje atractivo, un trotamundos, muy conocido acá, pero dentro del ring, al parecer, no daba la nota".

Rodrigo Fluxá N.
7 de diciembre del 2008
Deportes de El Mercurio

jueves, 18 de junio de 2009

Pasta de boxeador

Hasta el año pasado era una de las promesas del boxeo chileno. Abajo del ring, sin embargo, nunca le fue bien. De niño su madre lo regaló a una familia que apenas conocía; cuando cumplió 14 años entró al boxeo y a la pasta base al mismo tiempo. Hoy, a los 19, con un intento de suicidio a cuestas, Cristián Moreno busca ganar la pelea de su vida: dejar la calle.

Cuando peleo, me desahogo. En cambio, cuando no peleo, tengo una sensación de rabia, de desesperación... como que la rabia me ahoga... Yo siento rabia con todo, con lo injusto que ha sido todo conmigo. Cuando estoy en el ring me libero- dice Cristián Moreno.

Es el 21 de julio de 2007 y en el complejo deportivo Riocentro, en Brasil, se disputan las preliminares de boxeo de los juegos Panamericanos. Moreno (19) es el primer púgil chileno que llega a ese torneo en 13 años. Le ha costado mucho estar ahí, nadie se imagina cuánto. Pero la suerte, que nunca ha estado a su favor, le pone como rival al mexicano Francisco Vargas, cuarto finalista en los juegos Olímpicos de Atenas y uno de los ocho mejores boxeadores amateurs del mundo. Los comentaristas mexicanos auguran una paliza para el chileno.

En su esquina Moreno se mueve nervioso. Ha pasado su vida peleando con rabia; con los niños de Alto Hospicio que le gritaban "adoptado"; con su sensación de abandono; con la pasta base en la que cae una y otra vez. Sólo unos meses antes se tajeó el abdomen y se colgó de una viga. Es un milagro que pueda pelear.

Moreno mira a su rival. Le parece que el mexicano es muy fuerte, que es superior. No siente rabia. Es otra cosa.

A esa pelea yo entré con miedo- confiesa.

El árbitro los llama al centro del cuadrilátero y suena la campana.

Vargas ataca como un rayo, pilla a Moreno distraído y le acierta dos golpes en el cuerpo. El chileno solo atina a escabullirse. Todo lo que intenta, falla. Sólo al final del round retoma el control y su brazo izquiredo encuentra al mexicano.

De vuelta en su esquina su entrenador lo azuza:

- Hueón, vai tres puntos abajo! Sale pa los lados, tira tu izquierda, crúzalo, mándale el cro!
Lentamente la pelea cambia. Moreno acierta un par de combinaciones y evade los golpes con gracia.

- Yo lo cruzaba no más. Cuando me venía a atacar, lo dejaba que tirara la derecha y lo esquivaba. Me pasaba por el hombro y lo cruzaba y lo levantaba- recuerda el púgil.

Cuando queda un minuto, lanza un gancho de zurda al rostro del mexicano. Al sonar la campana Moreno va arriba por un punto.

Pero el mexicano no se rinde. En el tercer asalto conecta una zurda que deja a Moreno atontado en las cuerdas. La situación se empareja en el round final.

- Ambos nos golpeamos. Yo le conecté dos golpes nítidos y no me los marcaron- recuerda Moreno.

Cuando el combate termina el chileno ha perdido por 11-10.

- Un punto... eso me dio lata. Había sido capaz de darle la pelea al que estaba proyectado para ser el mejor boxeador del campeonato. Pero igual me dio lata. Yo quería ganar.

Moreno regresa a su habitación y se tira en la cama a dormir un rato. Quiere olvidarse de todo. Su participación en los Panamericanos ha terminado y debe volver a Alto Hospicio, a sus calles de tierra, a entrenar en la mañana y espantar curados en las noches, que es el trato que tiene con su entrenador.

En Alto Hospicio, sin embargo, lo reciben como a un héroe.

- Fue bacán. Me hicieron una entrevista y mis amigos me decían "bueena, saliste en la tele!" Yo era como una estrella. Me eligieron el mejor deportista de Alto Hospicio y el alcalde hizo una comida en un restorán y me entregaron una copa con los colores de la municipalidad. Era como el hijo ilustre recuerda Moreno.

Los días pasan en festejos. Su popularidad lo hace sentir bien. En los Panamericanos varios agentes le habían ofrecido entrenar fuera de Chile. Sólo tiene que llamar y seguirá con una carrera que parece ascendente. Irse es la decisión más conveniente. En Chile hay cerca de mil boxeadores amateurs como él y la mayoría malvive buscando el auspicio municipal.

Me ofrecieron partir a Cuba, a Colombia, y también quedarme en Brasilia. Pero cuando volví no llamé a nadie. Yo andaba en otra- dice.

Un día, cuando el éxito empezaba a amainar, Moreno se encuentra con un grupo de viejos amigos, muchachos con los que fue al colegio, jugó pichangas y empezó a boxear. Ahora todos tienen 20 años. La mayoría está cesante y pasa las horas juntando monedas para comprar pasta base.

- Como andaba con plata, con buena ropa y buenas zapatillas, me devolví. Lo hice para creerme. Les pregunté en qué estaban. Me dijeron que se iban a ir a fumar. Por dármelas de agrandao, les dije "ya po', yo pongo diez lucas". Los cabros quedaron locos. Nos alcanzó como pa un saquito y vacilamos como 4 horas.

Sin darse cuenta, a partir de ese momento Moreno empezó a dar una lucha mucho más dura que la que libró con el mexicano. Una pelea consigo mismo, con su historia y su rabia.

TE LO REGALO

Moreno aprendió a pelear para defenderse de los niños que lo molestaban por ser adoptado.

- Yo siempre supe eso. No recuerdo que me hayan dicho"tú eres adoptado!" como en las teleseries, jaja. Desde que tengo memoria lo sé y nunca me ha dolido. A veces mis hermanos me decían "!Qué, si a vo te encontraron en la basural!" y eso me daba lo mismo. Pero cuando los cabros en la calle me lo gritaban, ahí me daba rabia y peleaba.

Lamentablemente esas peleas eran frecuentes, porque en Alto Hospicio todos sabían su historia. Ximena Zambra, su madre adoptiva, se lo había contado a medio mundo.

- Esa es la rabia que siempre tuve con mi mamá. Era un tema familiar pero ella se lo comentaba con todos porque se sentía grandiosa, como si recogerme hubiera sido la mejor obra que había hecho en su vida. A veces también me lo sacaba en cara. Me decía: "deberías estar agradecido conmigo porque yo te adopté"- cuenta.

Sin embargo, la de Moreno no fue una adopción propiamente tal, sino algo más duro que eso. Ocurrió en 1988, cuando su madre biológica, Rosa Alonso, se hizo amiga de Ximena. Rosa estaba cesante. Su marido la había dejado con dos niños. Moreno tenía 10 meses y requería mucha atención.

Una tarde Rosa le pidió a Ximena que se hiciera cargo de su hijo mientras ella viajaba a Santiago a trabajar.

- Yo le dije que no, porque me podía encariñar e iba a sufrir mucho cuando se lo llevara. Entonces ella me dijo: "bueno, te lo regalo". Yo creí que era una broma y le dije que sí.

Dos días después Rosa fue donde Ximena con el niño y una bolsa con un trajecito, dos pañales y una mamadera.

- Cuando la vi, quedé helada. Me pasó al niño y me dijo, bien apurada: "Ya, te lo dejo porque me salió un trabajo, me voy, me voy!". Me quedé plop- cuenta Ximena.

El marido de Ximena, Patricio Toro, se opuso al principio, pero luego aceptó. Contactaron a Rosa para legalizar el "regalo" con una tutela simple y Moreno empezó a formar parte de la familia.

Moreno supo esa historia desde pequeño. Y lo marcó aunque él no se haya dado cuenta.

- Siempre tuvo problemas. Con decirle que hasta se escapaba del jardín infantil y llegaba a la casa solo- cuenta Patricio, su padre.

A medida que creció, Moreno se volvió más incontrolable.

- El sicólogo nos decía que él tenía rabia, que tenía una energía contenida que había que liberar- explica Ximena.

Entonces, por una casualidad, apareció el boxeo. Un día estaba jugando con sus amigos y llegó un entrenador buscando chicos para una pelea. Les dijo que fueran a entrenar y el grupo dejó la pelota y se puso guantes. Pero Moreno fue el único que se lo tomó en serio. Con cada combo, con cada finta, sentía que la rabia que tenía adentro se diluía. Empezó a entrenar casi todos los días y a veces se arrancaba de su casa antes de ir a clases, para practicar.

- Un día me arranqué a la Casa del Deportista de Iquique, porque debutaban dos profesionales: julio Cruz y Edwin Adriasola. Para la pelea previa les faltaba un boxeador y me ofrecí. Me tocó con el Félix Sanguínez. Él ya había ido al Campeonato Nacional. Yo, en cambio, recién llevaba entrenando tres semanas. Lo único que sabía hacer era tirar los codos, agacharme, pasar por debajo y pegar con la izquierda. Pero pegaba fuerte. Y gané, po. Ahí los viejos se empezaron a fijar en mí- dice Moreno.

El boxeo empezó a apasionarlo. Cada vez se volvía más fuerte, más seguro de sí mismo. Pero en el mismo monento en que el joven abría una puerta hacia su futuro, abría también una puerta hacia' un abismo.

- Un día me encontré con mis amigos en la calle. Iban a comprar pasta y me invitaron. Yo no había fumado, pero como ya peleaba y conocía más gente, me hacía el bacán, el chorito. Cuando los cabros empezaron a fumar yo también quise. Tenía 14 años. Me acuerdo que nos escondimos en una cancha y fumamos un montón. Yo estaba asus tado po, estaba corretiado, me perseguí con la weá. Después de esa vez no fumr como en tres meses, porque no habiau moneas.

Pero cuando había monedas, compra ha. A veces consumía todas las.mañanas antes de irse al colegio. A veces también fumaba antes de entrenar.

- Varias veces entrené en pasta- confiesa.

Pese a eso, su carrera siguió en ascenso. Las visitas al sicólogo se volvieron más esporádicas. La relación con sus padres mejoró. Si no fuera por la pasta, se habría dicho que se trataba de un muchacho con futuro.

Sin embargo, todo cambió de golpe. Una tarde, Ximena recibió una llamada de larga distancia, desde Carahue, cerca de Temuco. Era Rosa Alonso, la madre biológica de Moreno.

- Me dijo que quería saber de él, que sentía culpabilidad. Después de quince años, po! Yo le dije que bueno, que viniera para conocerlo. Pensé que no tenía nada de malo, que eso iba a ayudar a mi hijo- recuerda Ximena.

TE VAI A ARREPENTIR

En el encuentro con su madre, Moreno fue distante, como un boxeador que estudia a su contrincante que ya le ha hecho daño. Rosa lo abrazó y empezó a darle explicaciones. Él le dijo que no le importaba, que no era necesario. Los Toro alojaron a la mujer durante una semana y pusieron a madre e hijo en una misma pieza para que pudieran hablar tranquilos.

Lentamente las defensas de Cristián se rompieron y al quinto día, cuando ella anuncia que tiene que volver al sur, Moreno le pide que no se vaya de nuevo. Que necesita más tiempo. Pero ella debe partir, tiene otros hijos. Moreno decide entonces irse con ella.

Mi marida lloraba. Yo nunca lo había visto así, decía que cómo íbamos a permitir que nuestro hijo se fuera . Yo lo dejé no más, pa que aprendiera. Dije "allá nos va a echar de menos"- recuerda Ximena.

Como era previsible, en Carahue las cosas no resultaron. A los cuatro meses el joven boxeador llamó llorando a Alto Hospicio.- Decía que nos echaba de menos, que éramos su verdadera familia y que que ría volver- recuerda su hermana Jocelyn.

Patricio y Ximena le mandaron pasajes.

- Allá la mamá lo trató súper mal. Él nos contó que un día una hermana chica que tenía lo culpó de matar a un ganso.

La mamá le dijo "!qué hiciste, guacho culiao!" y él respondió "guacho soy, porque vo me dejaste botado, pero no culiao!" agrega Patricio.

Al regresar a Alto Hospicio, Moreno estaba cambiado, endurecido. Decide dejar los estudios e intenta botar su rabia dedicándose por completo al boxeo. La estrategia le resulta un tiempo. Gana campeonatos y experiencia. Su zurda se vuelve imparable. Su empuje llama la atención de un entrenador local, Robinson Villarroel, que empieza a guiarlo.

Para que se prepare mejor, Robinson le ofrece que se vaya a vivir con él. Robinson maneja un gimnasio y un un tugurio llamado Charly Boxing, donde las chicas atienden en colaless. La oferta es entrenamiento y casa a cambio de que el joven sea guardia del local.

Moreno pasa meses boxeando en las mañanas y sacando curados hasta la madrugada. Duerme en una furgoneta Nada puede ser más precario, pero a sus 17 años eso no le imprta mucho.

- Las cabras atienden en colaless, pero son pa mirarlas no má, y pa eso estábamos nosotros, pa cuidarlas y servir tragos en la barra- explica Moreno.

En esa época conoce a una chica y se enamoran. Pero el romance es especialmente tormentoso. Terminan y vuelven. La pasta cruza la relación.

Ximena acusa que la chica era hija de una microtraficante y que le daba droga a su hijo. Moreno admite que su "suegra" era traficante, pero que si consumía no era culpa de ella.

A mediados de 2006 su novia queda embarazada.

- Cuando me contó yo me sentí bacán. Yo quería puro tener una guagua. Me alegró la vida. La vi y yo me dije "ya no voy a hueviar más". Pero las cosas no funcionaron y vinieron todos los problemas- dice.

Moreno se mete con una cajera del Boxing. Su novia lo engaña con un amigo. El joven púgil no lo tolera.

- Le dije, "te vay a arrepentirte, conchetumadre". Me fui a su casa, pesqué un cuchillo, me corté los brazos y me pegué dos pinchazos en la guata. Después agarré un alargador y lo amarré a la viga del living de la casa, me subí al sillón y me tiré. No lo pensé mucho. La lengua se me fue pa fuera. Me acuerdo que no podía cerrar los ojos, pero no veía nada.

Afortunadamente, en la casa estaba el padrastro de su novia. El hombre entró en el living justo cuando Moreno empozaba a balancearse como un saco de arena. Logró descolgarlo y trató de hacerlo reaccionar.

-Yo lo escuchaba, pero no podía abrir los ojos. Reaccioné cuando llegó mi novia. Me paré y le di un empujón de pura rabia y me fui.

Moreno siguió entrenando. Descargando su rabia contra los sacos y sus oponentes, se fijó como meta llegar a los Panamericanos.

- En ese tiempo, nadie podía ganarme. Nadie.

AL BORDE DE UN K.O.

A las pocas semanas de su triunfal regreso de los Panamericanos, Moreno volvió a la pasta.

- De pronto empezó a salir sin decir para dónde iba. A veces no volvía en días. Después comenzaron a desaparecer cosas de la casa. Yo le cerraba la puerta del antejardín con llave para que no me saliera, pero igual se iba- dice su madre.

Los Toro tuvieron que echarlo.

- Pasaba semanas en que andaba botado, cochino, enrabiado, tratando de sacar plata de cualquier parte para fumar.

Durante un mes se dedicó a limpiar autos frente a un supermercado de la zona. Pero se aburrió.
Me puse a robar y todo lo que conseguía me lo fumaba. Este periodo ha sido el más bajo que he caído en mi vida.

La falta de dinero y la ansiedad lo llevaron a planear un robo más grande, un local de artículos electrónicos de la comuna. Comenzó a visitar el negocio para asegurarse de que no tuviera alarma. Una noche de angustia, en enero de este año, decidió atacar. No tuvo problemas para entrar. Se echó la plata al bolsillo, unos 200 mil pesos pero cuando iba a huir, algo lo detuvo.

Se me ocurrió sacar un plasma, porque yo cachaba que mi papá quería uno. En eso me demoré y cuando voy saliendo, veo como quince paisanos con fierros y una pistola.

La gente se le fue encima.

- Con el tironeo me sacaron las zapatillas y el buzo. Y me dejaron encerrado en calzoncillos esperando a que llegaran los pacos. Yo no me quería ir preso, po. Entonces, como el techo era de zinc lo desclavé y salí por ahí. Me fui por el techo de unas casas, pero me cacharon y salieron persiguiéndome, gritaban "están robando, están robando!".

Los vecinos del sector comenzaron a salir a las calles alertados por el griterío. Moreno, que corría descalzo, dio un paso en falso y cayó en un patio.

La gente le cayó encima otra vez.

- Ahí me agarraron pesado. Me pusieron unos combos y un fierrazo con un tubo del rz en la cabeza. Yo sentí como que el ojo se me caía. Traté de arrancar. De repente oí un disparo y cuando voy a apoyar el pie se me dobla. Me miré y estaba todo lleno de sangre. La bala me había traspasado la pierna. Puta que me patearon ahít Luego llegaron los pacos, me llevaron preso. Como no tenía antecedentes, me dieron el beneficio de la firma- recuerda.

En cosa de semanas Moreno se había transformado de hijo ilustre de Alto Hospicio, en un delincuente que había que linchar. Estaba tocando fondo. Estaba perdiendo por K.O. Sólo el miedo a terminar preso lo hizo reaccionar.

Comenzó a trabajar como ayudante de un mecánico, quien, además, le prestó una pieza para que no tuviera que dormir en la calle. En ese empleo dura un mes hasta que su padre le ofrece llevarlo al sur, a Carahue, para que salga del ambiente.

De verdad tenía ganas de cambiar, por eso acepté- afirma.

Camino a Carahue la familia lo acompaña a la Federación de Boxeo a recoger unos bolsos que había dejado hacía tiempo. Ve a los jóvenes entrenando, los guantes, el ring, ese mundo que ha tirado por la borda.

- Ahí nos encontramos con unos dirigentes que se alegraron al ver a mi hijo. Le dijeron, "Qué bueno que apareciste!" y le preguntaron si venía a entrenar. Cuando les contamos la historia nos ofrecieron que se quedara en Santiago a rehabilitarse y retomar su carrera- cuenta emocionado Patricio.

Hoy, Moreno lleva una semana de entrenamiento en la Federación. Aunque puede salir del recinto cada vez que quiere, ha permanecido tranquilo y alejado de la pasta base que es lo que más le importa a su familia por ahora.

Moreno sigue peleando para sacar su rabia Pero también ha descubierto que pelea mucho mejor cuando está contento.

- Cuando me siento feliz y peleo con ritmo, como que bailo, jaja. Ahí me siento libre, suelto. Y agrega "Ahora, lo que me haría de verdad feliz, sería volver con la madre de mi hija... Y llegar a los juegos Olímpicos del 2012. Me gustaría, de verdad me gustaría. Quiero estar en el boxeo otra vez y llegar a hacer algo grande".

Carla Celis
The Clinic 13 de marzo del 2008

jueves, 7 de mayo de 2009

KO a la ley

Hay en el Congreso un proyecto de ley ingresado por el diputado Jorge Burgos que establece la prohibición del boxeo profesional en Chile. Se consideran "los graves e incluso mortales efectos que tiene esta actividad en la salud y la integridad física de quienes lo practican". Quienes apoyan esta ley creen que el boxeo no es un deporte, sino un acto brutal en el que se persigue dañar al oponente, cuyas consecuencias físicas no están penalizadas. Al respecto hay varias aristas a tomar en cuenta, de manera que, como ocurre habitualmente, el remedio no termine siendo peor que la enfermedad.

El boxeo se define como la destreza física para pelear con los puños. Tiene dos formas de competición, la profesional y la amateur. Cada una tiene sus reglas, siendo la categoría amateur la que cuenta con la mayor cantidad de restricciones y protecciones, y es la que vemos, por ejemplo, en los Juegos Olímpicos. En ambas modalidades, el ganador es quien recibe más puntos que su oponente, por haberle acertado más golpes en los sectores del cuerpo asignados como blancos, ya sea el tronco o la cabeza, o bien porque un boxeador no logra completar un asalto. El objetivo son los puntos, y no el KO que deja inconsciente al afectado. En ese sentido es similar a otras actividades físicas de combate en las que existe un riesgo de lesión, como el judo o el karate, por nombrar sólo algunas.
Si el argumento para prohibir el boxeo profesional, aquel que no cuenta con protecciones en la cabeza, es el riesgo de lesiones, hay estudios que echan por tierra las afirmaciones de que el boxeo es el deporte que causa más daño. Según un estudio realizado hace dos años en Estados Unidos, y que incluyó las estadísticas de todos los hospitales del país, el deporte que produce más lesiones en la cabeza es, por lejos, el ciclismo. Se atendieron en 2006 a 65 mil personas. Le siguen el fútbol, con 34 mil heridos o golpeados durante un partido, y todas las actividades recreativas que involucran vehículos con motor, con 28 mil lesionados durante el año. Cierto es que la cantidad de practicantes es mayor en estos deportes que en el boxeo, pero el mismo estudio arrojó que por cada cien mil participantes en EE.UU., el boxeo registra 1,3 lesionados de gravedad. Ganan por tres cuerpos las carreras de caballos, donde 128 jinetes resultaron heridos esa temporada.
Si van a prohibir el boxeo profesional, al margen de que se fomentarán brutalmente las peleas clandestinas y la mafia que arrastran, entonces hay que prohibir también todos los deportes donde se enfrenten dos oponentes: la lucha, el judo, karate, taekwondo, etc... También el automovilismo y las carreras de motos. Si mal no recuerdo, hace pocas semanas un corredor chileno atropelló a siete espectadores en un rally. Para qué hablar del snowboard y del esquí, en los que tampoco está regulada la imprudencia de unos que pagan otros. Me pregunto: ¿dónde está el proyecto de ley que obliga a usar casco en la nieve o arriba de una bicicleta?
No soy fanática del boxeo, tampoco pienso apelar a argumentos como el que representa un escape de la pobreza o de destinos miserables. Es simplemente que si lo que se quiere es reducir riesgos físicos, las urgencias de regulación van por el lado del deporte recreacional y no del profesional. Para regular hay que acudir a las estadísticas, a una base sólida que nos indique dónde está el mayor daño y cómo podemos reducirlo, para que nuestros legisladores no pierdan el tiempo. Porque ciertamente el mayor riesgo en el deporte no está en el boxeo.

Soledad Bacarreza
Deportes full de El Mercurio
23 de Junio de 2008

jueves, 23 de abril de 2009

Carlos Lucas, bronce en Melbourne 1956: El medallista olvidado pega fuerte

Carlos Lucas tiene bien guardada en su casa de Villarrica la medalla de bronce que conquistó en Melbourne '56, como pugilista mediopesado. Fue uno de los tres boxeadores que volvieron con preseas desde Australia (Ramón Tapia ganó plata y Claudio Barrientos otro bronce), pero es el único que queda para contarlo.
Lucas, de 79 años y dueño de una panadería en el sur, dice sentirse un poco "olvidado y desaprovechado". Cuenta que esos Juegos Olímpicos y los de Roma '60, en los que también participó, "fueron las experiencias más bonitas de mi carrera de boxeador amateur, aunque fue sacrificado. A Melbourne llegamos solos, sin entrenador, y ni siquiera teníamos zapatillas para salir a trotar. A la vuelta, con las medallas, el recibimiento fue otro, muy bueno, pero el viaje fue larguísimo porque el avión sufrió un desperfecto y estuvimos como una semana en Hawai".

-¿Tiene idea de por qué decayó tanto el boxeo chileno?
"No hay buenos dirigentes y de ahí para abajo anda todo mal porque tampoco hay profesores. Cómo es posible que Martín Vargas esté enseñando si él no aprendió a boxear. Es penoso. Él enseña a pelear porque fue un peleador, no un boxeador. En mi tiempo, los que enseñaban eran Arturo Godoy o "Fernandito" (Antonio Fernández), por eso llegamos arriba".

-¿Cuándo comenzó el declive?
"El último boxeador de verdad que tuvo Chile fue Godfrey Stevens, hace ya 40 años. Después de Stevens no hubo otro, porque una cosa es saber boxear, manejar la técnica, y otra ser peleador como lo fue Martín Vargas. Ni él, ni Benedicto Villablanca fueron boxeadores de verdad, Cardenio Ulloa tenía más estilo, pero lo de Carlos Cruzat, por ejemplo, no fue más que un show ante rivales mediocres que le trajeron; él no fue un verdadero campeón mundial. En el ring era ver a una masa sin desplante ni movimiento alguno".

-¿Cómo se podría arreglar?
"Material humano hay, pero los niños no tienen quién les enseñe. Habría que traer profesores de afuera, en Chile ya no hay, pero lo primero es dignificar al boxeo desde la Federación, con gente que no esté por interés personal. A mí, incluso, me gustaría aportar".
"El último boxeador de verdad que tuvo Chile fue Godfrey Stevens, hace ya 40 años. Después no hubo otro", dice Carlos Lucas.

Sabado, 23 de Agosto de 2008
El Mercurio, Deportes

miércoles, 4 de marzo de 2009

Un Super Pluma 'Bravo'

Óscar Bravo, de 20 años, es uno de los boxeadores profesionales del momento. El 8 de febrero pasado se convirtió en profesional, luego de haber sostenido 85 peleas como amateur, de las cuales sólo perdió 10 y empató 5. Es decir, ganó 70 combates en siete años de peleas.

Sí, comenzó a los 13 años en la población La Bandera, en la comuna de San Ramón, apoyado por su hermano mayor, quien también fue púgil, y por sus padres.

‘El Bravo’, como le apodan, pertenece a la categoría Súper Pluma por sus 60 kilos y 1,67 metros de estatura. Su mejor golpe es la derecha. Su característica es ir al choque, siempre al frente, hacia adelante, "como la selección de fútbol de Bielsa", dice.

"Nací y me crié en la calle Marcelo Lira, donde vivo, y estudié en el Liceo San Agustín de Padua, en Santa Rosa, donde saqué mi licencia secundaria. Me metí al boxeo para aprender a defenderme y terminó por gustarme. Ahora quiero llegar a ser campeón mundial, pero antes debo luchar por el título chileno, lo que voy a hacer el 20 de diciembre en el gimnasio municipal de Villarrica", explica el púgil, quien va a enfrentar al número dos del país, el villarricense Carlos ‘Torito’ Narváez, en velada producida por el ex campeón Joel ‘El Indio’ Mayo, a 10 rounds.
Bravo, quien es entrenado por Iván Corral, de gran experiencia en el boxeo, gana por cada pelea unos 180 mil pesos, bastante más que sus otros colegas de menor linaje que se suben a un ring por 50 mil pesos y que luego van subiendo escalones hasta llegar a la suma que gana el número uno de Chile en los Súper Pluma.

"Espero llegar a ganar mucho más porque tengo condiciones para ello. Este es el primer paso para pelear por el título sudamericano y luego partir a California, Estados Unidos, para intentar pelear por el título mundial", confiesa Óscar Bravo, quien entrena de lunes a sábado, mañana y tarde, para conseguir su objetivo.

Revista Triunfo

domingo, 9 de noviembre de 2008

Juanito Candia, legendario entrenador de boxeo


Hasta el último round

Alí, ‘Sugar’ Ray, Holyfield, Tyson o Lewis son nombres que están en la retina del mundo. Sus peleas son seguidas por millones de fanáticos mientras en nuestro país nos estamos acostumbrando a presenciar derrotas o peleas entre ‘paquetes’. A continuación el hombre que lucha para que este deporte no muera. ¡¡¡¡En esta esquina!!! Juan Candia.

Dieeez!!! grita Juanito a sus pupilos, señalando los segundos que faltan para finalizar el round de entrenamiento. Sus alumnos lanzan toda la artillería contra los sacos y pushing balls del precario patio del gimnasio Leme de Viña del Mar, donde entre respiraciones entrecortadas, sudor y cansancio, generaciones enteras de colegiales, universitarios, oficinistas y extranjeros han aprendido el arte del defenderse con los puños.Con 76 años de edad, es la versión chilensis de ‘Micky’, el entrenador de Rocky en la película de Stallone... si hasta se parece. Ñato y con un par de dientes menos, pudo haber sido arquero - ‘tuve mi minuto de gloria pese a mi tamaño en Wanderers’ - pero el cuento de los combos siempre le gustó. Nacido en Cauquenes, Juan Candia empieza a boxear en 1949, a los 19 años, inicio tardío para un púgil. ‘Debuté recién casado, con apenas una semana de entrenamiento y después de estar enfermo. Los apostadores daban mil a uno contra mía, gané por KO en el segundo round’. A los 15 años llega a Valparaíso. Tenía un íntimo amigo que era fanático del boxeo, un ex púgil, Agustín Vergara (QEPD, como casi todos los referentes de Juanito) que le dijo que tenía condiciones para el boxeo. ‘Fu e ahí cuando me metí a mis primeros campeonatos… claro que cometí el error de empezar con los veteranos siendo un novato sin experiencia, peleando en una categoría que no era la mía. Yo soy mosca (50 kilos) y combatía con gallos (54 kilos) por lo que pese a sacar buenos resultados, no brillé lo esperado’. El ñato Candia peleó por seis años en forma constante en distintos campeonatos que abundaban en el puerto de la época. En paralelo trabajaba en zapatería, ‘tenía un taller en la calle Clave pero vivía metido en el gimnasio, me encantaba entrenar y la vida se va haciendo en torno al gimnasio’. De hecho Juanito aún mantiene dos actividades, entrenando y vendiendo bolsones en un puesto de la caleta Portales, por lo que su rutina empieza inalterablemente a las seis de la mañana.

¿Que opinaban sus padres de su afición?

Adriana, mi madre, me llegó a decir un día que me daba el triple de lo que me daban por combate para que no peleara. En ese tiempo las pagas no eran malas… no se podía vivir de ellas, pero ayudaba bastante.Candia dejó de boxear a los 33 años, no tanto por la edad, porque ‘siempre fui ordenado – no fumo ni tomo – sino por que no podía dedicarme sólo al entrenamiento sino también a mi negocio’. En esos años debutaba como profesional, y en su peso no habían muchos luchadores, por lo que no compensaba económicamente el reducido número de combates. Al año, nuevamente volvería a los cuadriláteros, esta vez como técnico. ‘Un ex apoderado mío, me incentivó a enseñar, ya que mi mayor destreza en el ring era la planificación inteligente de mis peleas. Actualmente he hecho seis cursos de entrenador de boxeo a través de la Federación Nacional. El último curso lo dictó un cubano que anduvo capacitando con toda la experiencia amateur que tiene la isla. En éste último obtuve el cien por ciento de la calificación’.

Empezó como DT del club de barrio ‘Valparaíso Atlético’, luego de la selección d e Valparaíso y después regional. ‘Siempre iba con mis pupilos al Caupolicán con preliminares amateur, por lo que me conocían y sabían mis pergaminos’. Fue de esta forma que lo convocan para ser entrenador de la selección nacional amateur el año 1965, viajamos a Buenos Aires y sacamos muy buenos resultados, después vino la selección peruana y les ganamos dos veces’, dice con orgullo.

¿Cómo era la actividad pugilística en Chile?

Extraordinaria hasta los años setenta, había boxeo en los barrios, en las empresas, en las Universidades, con veladas todos los fines de semana. Valparaíso era una plaza muy interesante, con muy buenos exponentes.

¿Y qué hecho produce la debacle de este deporte?

Para mí, la televisión. Se empiezan a trasmitir peleas de múltiples títulos en Estados Unidos, que la gente podía ver en la comodidad de su casa. Eso alejó a la gente de las jornadas de boxeo. Los empresarios dejaron de poner plata en el boxeo local y de esa forma era imposible sostener la actividad. Los cabros preguntaban porque seguían interesados en pelear, pero no había con qué. El boxeo murió, y eso es a nivel mundial. Buenos Aires que era la mejor plaza latinoamericana, esta muerta para el boxeo. La Federación y las Asociaciones locales existen sólo nominalmente. Yo he intentado levantar el boxeo tres veces, pero ya veo que es imposible.

¿Cual ha sido su mejor pupilo?

Han sido muchos los buenos y seguro que se e escapan nombres, pero voy a hacer un resumen justo. Jorge Barcia, que murió el año pasado...Guillermo Velásquez extraordinario, campeón de Chile, campeón Sudamericano. Juanito y Sergio Villouta, Oscar Huerta, y ahí paro porque la lista sigue.

¿y el mejor púgil en la historia de Chile?

Lo más grande entre grandes, Antonio Fernández, ‘Fernandito’, nadie se ha comparado con él. Godfrey Stevens – que era una ma ravilla – no le llega ni a los talones. Fue a Estados Unidos y le pegó a los mejores, ¡y a los 32 años! Por algo le decían el eximio. Usaba un peinado con gomina, y al terminar sus peleas siempre quedaba igual, no se despeinaba.
¿Se encuentra satisfecho como para colgar los guantes?
Completamente satisfecho, pero tu me ves, aquí sigo sin colgar los guantes acogiendo a quienes quieran aprender. Todavía tengo esperanzas de ver nacer a una nueva estrella. Son muchos los que vienen para estar en forma y se enamoran un poco de este deporte, porque templa a la persona. Es triste ver como un deporte se extingue. Ahora hay mucho entusiasmo por otras artes marciales, pero este deporte, se ha quedado sin carbón parea fogonear, y creo que su carácter humilde – pese a que gran parte de los alumnos de Juanito son estudiantes de colegios particulares y universidades privadas - puede tener relación con el fin del boxeo competitivo nacional.

Renzo Dinali

sábado, 4 de octubre de 2008

Benedicto Villablanca: "Siempre me he sentido el primer campeón del mundo chileno"

El ex boxeador recuerda con nostalgia el 5 de junio de 1982, cuando recibió el cinturón que lo acreditó como monarca universal, el mismo del que 20 días después fue despojado en un polémico fallo.

La historia cuenta que el 5 de junio de 1982 Benedicto Villablanca se transformó en el primer chileno en coronarse campeón mundial de boxeo luego de derrotar por nocáut técnico al puertorriqueño Samuel Serrano. Sin embargo, ese mismo episodio, como muchos en el deporte nacional, tiene un triste final: 20 días después la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) decidió quitarle el cinturón al deportista nacional.

Cooperativa.cl conversó con Villablanca y el ex púgil liviano junior no dudó en asegurar que él fue el primer chileno en ser monarca a nivel universal en el deporte de los puños.

"Fue una noche feliz. Había logrado lo que nadie había logrado en el país: el primer título mundial y después vinieron cosas extradeportivas donde se me quitó el título en Puerto Rico", recordó con nostalgia desde su hogar en Melipilla.

La pelea se disputó en el Teatro Caupolicán, un recinto que estaba lleno de chilenos apoyando al representante nacional, quien llegó en su mejor forma para cumplir un sueño que no pudieron materializar Estanislao Loayza (1925), Alejandro Romero o "Routier Parra" (1928), Simón Guerra (1930), Arturo Godoy (1940 y 1943), Alberto Reyes (1954), Godfrey Stevens (1970) y Martín Vargas (dos veces en 1977, 1978 y 1980).

En el undécimo asalto, el árbitro Jesús Celis levantó el brazo de Villablanca, quien se convertía en el primer campeón mundial de boxeo de Chile, pero el título sólo duró algunos días, porque los dirigentes de la AMB le quitaron la corona al achacarle un supuesto cabezazo que habría obligado a Serrano a caer en nocáut técnico.

"Ese día tuve un combate de 11 cerrados rounds con Samuel Serrano de Puerto Rico y después que me declararon campeón del mundo, llovía bastante. Yo decía que hasta Dios lloró porque un chileno había ganado un título del mundo", relató Villablanca.

El ex púgil y actual funcionario de la policía de Investigaciones continuó: "La pelea fue durísima con un rival como Serrano que era 10 ó 15 centímetros más alto que yo, con más alcance de brazo, pero el hombre no esperó que yo estuviese tan bien preparado para pelear el título mundial. Estaba al ciento por ciento de mi preparación física".

Su voz cambió al momento de analizar el polémico fallo que después le quitó el cinturón: "Fue un día domingo, en un escritorio, en una oficina donde había cuatro chilenos y tres puertorriqueños. Los chilenos no pudieron defenderme y me quitaron el título".

"No sabían la bravura que tenía"

Villablanca confía en ser reconocido como el primer chileno en haberse coronado como campeón mundial. "Yo peleé un título mundial arriba del ring y me lo quitaron en un escritorio. El fallo fue por nocáut técnico. El árbitro jamás anunció que había un foul dentro del combate así que la pelea era legal, porque se ganó un título mundial, porque te levantaron la mano y te colocaron el cinturón", dijo.

"Les di una sorpresa porque no sabían la bravura que yo tenía para combatir", sentenció.

Respecto a los días en los que fue campeón mundial, Villablanca comentó que fueron espectaculares y que se transformó en el centro de la noticia.

"Toda la prensa andaba detrás mío, no me dejaban dormir. Mi vida privada era un desconcierto, igual que las estrellas que hay ahora en el país", contó.

"Estoy muy tranquilo, porque tengo una vida privada tranquila, y quizás haberme quitado el título fue para mejor. Siempre he dicho eso, porque a lo mejor no estaría como estoy ahora, aunque yo siempre me he sentido el primer campeón del mundo", agregó.

El ex boxeador rememora que en su ciudad natal la noche que se consagró campeón se vivió una fiesta. "La primera noche me querían dejar en Santiago -narró- y yo me quería venir a Melipilla porque había un carnaval inmenso. La gente estaba arriba de camiones desnuda. En el peaje estaba repleto, la Municipalidad... y quedan muchos recuerdos bonitos y todo eso queda en la retina después de 22 años de haber logrado un título mundial".

Después de Villablanca vinieron otros peleadores que buscaron el título mundial como Juvenal Ordenes, Benito Badilla, Cardenio Ulloa y Carlos Ariel Uribe. Sin embargo, ninguno puede decir que fue campeón del mundo, al menos por unos días.

Otros, como Carlos Cruzat, Alli Gálvez y Bernarndo Mendoza sí lograron el cetro, pero no consiguieron el reconocimiento de Villablanca debido a la escasa legitimidad de las asociaciones por las que pelearon.

Ficha de Benedicto Villablanca

Benedicto Antonio Villablanca Estrada nació el 13 de julio de 1957 y debutó en el profesionalismo el 23 de enero de 1976 contra Luis Conejeros, a quien derrotó por puntos.

Campeón de Chile el 8 de abril de 1978 (venció a Roberto Díaz por nocáut técnico).

Disputó el título sudamericano el 19 de enero de 1979 con el chileno Víctor Echegaray (perdió por nocáut).

Campeón Latinoamericano el 7 de agosto de 1981 (venció al peruano Luis Bendezu por puntos).

Campeón mundial de la Asociación Mundial de Boxeo el 5 de junio de 1982. Venció a Samuel Serrano de Puerto Rico por nocáut técnico en el undécimo asalto, pero fue despojado del cetro.

Disputó el título mundial de la Asociación Mundial de Boxeo el 17 de agosto de 1983 con Roger Maywater y perdió por nocáut en el primer asalto.

Héctor Uribe D.
11/04/2005